Feliz cumpledos, niña rara


Tu primer cumpleaños fue especial, pero no sé qué me pasa esta vez que estoy más ñoña que si hubieras nacido ayer mismo. Quizás porque me doy cuenta de que el tiempo pasa inexorablemente y aunque haya días que se me hagan eternos, de repente veo que ha pasado un año más y ya no eres un bebé.
Ayer tarde en el parque te veía trepar sola por las cuerdas más altas, relacionarte con un nuevo amiguito, tan prudente como siempre al principio pero tan entregada al final. Observando con atención cada movimiento de los demás, hablando con esa lengua de trapo que me deja alucinada, riéndote, ayudando, corriendo, rebozándote en la tierra... Tan llena de vida y cada vez menos dependiente de mi. Y aún así a cada rato vienes a buscarme, porque aún soy tu mami, y te gusta llevarme de tu mano "a jubar juntas". Me llenaba de tanta satisfacción verte así de feliz, que me puse a llorar como una magdalena con papi: "creo que lo estamos haciendo bien con esta pequeña".

Hace un par de años, a estas horas, me estaba levantando con unos ligeros dolores de tripa, sin ser consciente todavía de que eras tú, avisando de que llegabas.
Recuerdo que me fascinó tu olor cuando te tuve entre mis brazos. Recuerdo las lágrimas de Papá-Raro al verte por primera vez. Recuerdo cómo dormiste junto a mí desde el primer día (eso de las cunas alejadas que no te dejan olernos nunca ha ido contigo). Recuerdo tus manos diminutas acariciándome y haciéndome sentir la persona más afortunada del universo.
Después de aquel subidón de los primeros días comenzamos a descubrir los momentos complicados, las grietas, las noches sin dormir, el acostumbrarnos a un adorable bichejo demandante que odiaba el carrito, que lloraba constantemente, que si no era en brazos de papá o mamá no se calmaba... Fue duro, no diré lo contrario. Sobre todo darnos de bruces con una realidad de la que nadie nos había hablado. Porque la pa/maternidad no es nada fácil, pero las satisfacciones que da compensan los momentos difíciles. Y es que verte crecer es uno de los mayores regalos que nos ha dado la vida.

Te quiero pequeña, siempre te querré. Aunque a veces pierda los nervios y suba el tono de voz más de lo que me gustaría, espero que me sepas perdonar, yo intento mejorar en eso cada día. Menos mal que tienes un papi estupendo con más paciencia que un santo y más recursos que un mago, que adora pasar todo el tiempo posible contigo.
Solo espero que algún día, cuando crezcas y tus viejos pintemos canas, vuelvas la vista atrás y recuerdes una infancia feliz.

Feliz cumpleaños mi amor. Y como te gusta dar las buenas noches últimamente: "te quero hata luna y vueta".

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